Un trato especial para las altas capacidades

Leyendo diversos artículos y libros que tratan el tema de los niños con altas capacidades, con frecuencia me encuentro ante un debate que viene siendo habitual desde principios del siglo XX y que parecer ser que hoy en día sigue a flor de piel: ¿qué se considera y qué no se considera alta capacidad? ¿Debemos actuar de un modo diferente ante los alumnos que presentan mayor inteligencia? Aunque no exista una respuesta unánime, pudiendo encontrar disparidad de opiniones respecto a este tema y después de haberlo criticado duramente en este post, personalmente me decanto por los criterios seguidos por Javier Tourón.

Este especialista en educación e inteligencia reflexiona sobre diversas cuestiones, como el método de diagnóstico y detección del colectivo de alto rendimiento, así como su posterior “tratamiento” y potenciación de habilidades. Tourón, de una manera acertada, nos plantea la problemática existente en múltiples centros educativos a la hora de tratar a sus alumnos en función del talento que presenten en las materias. ¿Por qué debemos impartir de manera similar las lecciones a niños que presentan un mayor nivel de madurez que el 90% de sus compañeros? Aunque un primer paso para una perfecta educación sería la correcta detección, de la cual hablaré en próximas entradas, un acertado procedimiento e individualización son cruciales para un óptimo desarrollo del alumno.

Detección -> diagnóstico -> individualización -> optimización

Hace unos días yo misma me preguntaba por qué un estudiante debía esperar al resto de su clase para poder así, camuflarse con la media. Cuál fue mi sorpresa al encontrarme con este post sobre el Talent Search en el que el Dr. Tourón pone un símil muy oportuno para este caso: es absurdo que alguien que salta una barra de 225 cm tenga que esperar a uno que apenas puede saltar una de 100 cm hasta que éste le iguale. Seguimos con el caso de igualar por lo bajo, y no evolucionamos.

Desafortunadamente muchas personas tienden a creer que este intento por individualizar la educación es un acto de egocentrismo por parte del colectivo de alta capacidad que merma la atención del resto de individuos. Nada más lejos de la realidad, la individualización debería enfocarse desde un punto de vista productivo, cuyo objeto no es otro que el de optimizar el trabajo del profesorado y el aprendizaje de los alumnos -y así hacerles más fácil su período escolar. Sólo midiendo, evaluando y estableciendo métodos de mejora conseguiremos potenciar cada una de las distintas capacidades de los estudiantes para que así cada uno pueda aportar su grano de arena en el contexto de una sociedad en la que cada vez cobra más importancia el trabajo en equipo.

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